Primero atacó a su abuela. Después a la madre. Siguiendo una suerte de esquema macabro, el adolescente, de 16 años, que mató a las dos mujeres y dejó grave a su abuelo y a su hermana llenó de dolor a una familia.

El doble crimen de Propatria mantiene impactado al país. Las primeras hipótesis apuntan a que fue a las 3:00 am del miércoles pasado cuando el adolescente fue a la cocina y agarró un cuchillo. De allí cubrió en segundos la distancia hasta la habitación en donde dormían su madre y su abuela. A esta última la atacó primero. Se llamaba Aracelys Hernández.

Después apuñaló a su madre, Mari Rosales. “Los gritos de las dos mujeres alertaron al abuelo, Marcos Tovar. Él trató de detenerlo, pero el muchacho lo golpeó en la cabeza con un objeto contundente, y además le clavó el cuchillo en el brazo y en la mano derecha”, reseñaron medios capitalinos. Tovar está herido, pero estable.

No había terminado la pesadilla de Propatria. La hermana menor del victimario, una niña de 12 años, “salió del apartamento 53, ubicado en el edificio 5, bloque 8, para alertar a los vecinos. Su hermano la alcanzó y la apuñaló en el cuello. Su estado es delicado.

La niña permanece en la UCI del Hospital Miguel Pérez Carreño, en La Yaguara”, agregaron los reportes.

Luego de perpetrar la matanza, se acostó de nuevo en su cama. Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) lo resguardaron hasta que llegaron efectivos del Cicpc. “Lo encontraron en su habitación, como si nada hubiera ocurrido. Al preguntarle sobre lo que había hecho se declaró inocente”, comentaron funcionarios policiales.

La tarde del martes 3 de julio, horas antes de la tragedia, su tía lo encontró llorando. “Yo no quiero que mi mamá se vaya pero ella se va a ir”, recordó la mujer. Ella lo tranquilizó.

Los familiares del matricida atribuyen el crimen “a una manifestación del más allá. Él actuaba como poseído por un ente espiritual”. A su tío le dijo, ya detenido: “No me dejes solo”.

Los vecinos del edificio describieron que “en la sala de la vivienda se encuentra un altar de la deidad Changó. Para los yoruba, es el dios del fuego, el trueno y la guerra, pero también el dueño del baile, la música y la belleza viril”, explicaron expertos policiales.

“Las investigaciones continúan activas a fin de esclarecer lo que realmente motivó al joven a matar a su abuela y a su madre y dejar heridos a su abuelo y hermana”, comentaron funcionarios. El padre del adolescente fue asesinado en la entrada del mismo bloque 8 por desconocidos para quitarle su arma, debido a que trabajaba como escolta en Laboratorios Roche.

La noticia no dejó de sorprender a los zulianos quienes, inmediatamente, recordaron el crimen del edificio Tacarica II, ocurrido en agosto de 2005.