“¡VAR! ¡VAR! “¡VAR! ¡VAR!”. El fútbol cambió para siempre. En los estadios del Mundial Rusia 2018, los hinchas pasaron a cantar ese reclamo cada vez que había una jugada dudosa que perjudicaba a su equipo como si fuera el himno más importante de todos. VAR. VAR. VAR. Al final, la tecnología no solo afectó al juego: también a los cánticos de los que asistieron a las canchas, que reaccionaron y se movieron a partir de una computadora.

Casi no hubo grandes injusticias en el Mundial Rusia 2018. De hecho, las polémicas que se dieron tuvieron que ver con las secuencias en las que los árbitros decidieron no recurrir a la tecnología.

En el encuentro entre Brasil y Suiza, el árbitro César Arturo Ramosdecidió no utilizar el VAR ante una jugada dudosa que luego pareció evidente. Zuber empujó al defensor Miranda para conseguir su gol de cabeza. Mark Geiger, en el encuentro entre Colombia e Inglaterra, dejó dudas con respecto al criterio que usó para algunas jugadas. Ignoró una patada en la cabeza a Falcao, por ejemplo, y cortó una jugada que pudo haber terminado en gol a favor de la Tricolor.

Más allá de los contextos, el VAR tuvo una repercusión más que directa en Rusia 2018. Así lo confirman los números. Se trata del Mundial con más penales sancionados de la historia, con 28. Por lo tanto, se cobró una falta desde los doce metros casi cada dos partidos. La razón parece bastante lógica. La principal característica del VAR (Video Assistant Referee) es que se pide cuando el árbitro considera que una acción fue dudosa para su criterio o lo que pudo observar. Ante eso, en la fase de grupos de este torneo, se pidió en 20 oportunidades.

Los 28 penales cobrados en Rusia superan por mucho a la segunda marca: en 1990, 1998 y 2002 se sancionaron 18. El ranking sigue con los Mundiales 1986 y 2006, con 16. El número más bajo si se tienen en cuenta solo las ediciones desde 1966 es México 1970, con cinco.

La aparición del VAR sin dudas afectó a los árbitros, obviamente sin utilizarlo, pero sabiendo de las experiencias de los mundialistas, me comentaron que el VAR no es una relajación, si no saber que hay un sistema que defiende nuestras decisiones, pero que no las toma directamente”, dijo Nicolás Lamolina, árbitro de Primera División del fútbol argentino. Y agregó: “El tema de los penales es claro: los principales actores todavía no asimilan la presencia del VAR y cometen errores que al ojo humano se puede escarpar, pero que al “ojo” de una cámara no”.

Otra estadística que hace ruido tiene que ver con las tarjetas rojas. Rusia 2018 tiene el número más bajo desde 1970, con cuatro (en este torneo, se fueron antes del final Carlos Sánchez, en Colombia vs. Japón, Jérôme Boateng, en Alemania vs. Suecia, Igor Smolnikov, en Rusia vs. Uruguay, y Michael Lang, en Suiza vs. Suecia). El número anterior más bajo es del Mundial 1978, con tres. El Mundial 2006 tiene el número más alto, con ¡28!. Lo siguen Francia 1998, con 22, Corea Japón 2002 y Sudáfrica 2010, con 17.

Con las amarillas, la tendencia cambia un poco. En Rusia 2018 hubo 213. No es el número más alto, pero sí se encuentra en el ranking superior. El récord lo tiene Alemania 2006, el Mundial más sucio de la historia, con 307. Seguido por Francia 98, con 249.

En este aspecto, creo que los jugadores si han notado la presencia del VAR y son mucho más prudentes y en ese aspecto, al árbitro y al espectáculo en general, lo beneficia, ya que no hay tantas brusquedades y permite un juego mucho más vistoso”, comentó Lamolina.

“El VAR aporta más justicia. Por ejemplo, la final entre Alemania y Holanda comienza con un penalti por una falta (a Johan Cruyff) que se produce fuera del área. Con el VAR no se hubiera señalado. Los resultados de los partidos son más reales”, dijo en Moscú el brasileño Carlos Alberto Parreira, uno de los integrantes del Grupo de Estudios Técnicos de la FIFA.