El atletismo aplaza hasta Tokio 2020 el hallazgo de un nuevo Bolt

El Mundial de Doha, clausurado el domingo, era el primero desde la retirada del mítico Usain Bolt. Fue un campeonato con hazañas en la pista y grandes marcas, pero sin una figura carismática y ultramediática del alcance del jamaicano.

¿Será la cita olímpica de Tokio 2020 el lugar en el que surja una figura como la del ‘Rayo’, que eclosionó precisamente en unos Juegos, los de Pekín en 2008?

Lyles y Coleman cumplieron

«No digáis que soy el nuevo Bolt. Soy yo mismo», pidió Noah Lyles después de coronarse campeón de los 200 metros con un gran tiempo de 19 segundos y 83 centésimas, aunque lejos del récord de Bolt (19.19 en Berlín en 2009).

Pero Lyles tiene un 19.50, logrado este año en Lausana, que le sitúa como el cuarto mejor de la historia con apenas 22 años, lo que hace que muchos le consideren el favorito a ser la nueva superestrella del atletismo en el ciclo olímpico que debe conducir a París-2024.

Y no únicamente por sus tiempos, también por su carácter fuera de la pista.

Rapero aficionado, juguetón con las cámaras, amante de un cierto nivel de show en la pista… Hasta se tiñó el pelo de color plateado para parecerse en Doha a uno de sus ídolos del manga, el protagonista de «Dragonball», cuando entra en su estado de superpotencia.

Christian Coleman, el nuevo rey de los 100 metros, es más sobrio, aunque en la pista brilló con un 9.76.

Su imagen, eso sí, quedó manchada unas semanas antes del evento al conocerse sus tres faltas a las obligaciones sobre la localización para controles antidopaje. Evitó una sanción al ser en un periodo superior a un año, pero su capacidad para llegar a ser un gran ídolo quedó dañada por ahora.

Tanto Lyles como Coleman acabaron Doha 2019 con dos oros, tras ganar juntos el relevo 4×100 metros.

Lyles no corrió los 100 metros y Coleman no lo hizo en los 200 metros. Su gran duelo en una o las dos distancias se aplaza a Tokio-2020, donde ese debería ser uno de los grandes momentos de los Juegos.

Tres heroínas

El Mundial de Doha tuvo grandes cronos para la historia, como subrayó el presidente de la Federación Internacional de Atletismo (Iaaf), Sebastian Coe, en su balance final del domingo.

«Nos ha quedado bastante claro que en las actuaciones de los atletas éste es el mejor Mundial que hemos tenido», dijo el mítico exatleta británico.

En ellos tuvieron mucho que ver tres mujeres, las heroínas de esta edición.

La estadounidense Dalilah Muhammad batió menos de tres meses después su propio récord del mundo de 400 metros vallas y de qué manera: en una final memorable en la que terminó en 56 segundos y 16 centésimas, superando por poco a su compatriota Sydney McLaughlin (52.23), que también logró un crono espectacular, pero que le relegó a la plata.

Muhammad y McLaughlin fueron luego oro juntas en el relevo 4×400 metros.

En el triple salto, la venezolana Yulimar Rojas triunfó con 15,37 metros, a trece centímetros del récord mundial de Inessa Kravets (15,50 metros), mientras que la bareiní Salwa Eid Naser se colocó como la tercera más rápida de la historia en los 400 metros (48.18).

El ‘caso Salazar’

Hubo otra atleta que podría haber sido heroína de Doha 2019, pero cuya actuación queda ensombrecida por un asunto turbio, el ‘caso Salazar’: la holandesa nacida en Etiopía Sifan Hassan logró un doblete inusual en 1.500 y 10.000 metros.

Pero los mayores titulares se los ganó por ser entrenada hasta ahora por el estadounidense Alberto Salazar, que a principios de la pasada semana fue suspendido cuatro años por las autoridades antidopaje de su país por actuaciones en el pasado, ajenas a su trabajo con Hassan.

La fondista holandesa forma parte del Oregon Project, el grupo de élite de Salazar financiado por Nike, y que tuvo otro campeón mundial en Doha-2019, Donavan Brazier en 800 metros.

«Si quieren, pueden hacerme controles todos los días», se defendió Hassan.

Para 2020, el reto para ella será también disipar cualquier atisbo de duda.

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